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Ley de Movilidad Sostenible: ¿qué podemos esperar?

Miércoles, 21 Enero, 2026

Nota. Este artículo se cierra antes de la aprobación definitiva y publicación en el BOE de la Ley 9/2025 de Movilidad Sostenible, publicada el tres de diciembre y en vigor desde el cinco. 

En la web del Colegio de Ingenieros Técnicos de Obras Públicas, os compartimos uno de los artículos técnicos incluidos en el número 428 de Cimbra, nuestra revista de Ingeniería Civil. Se trata una información detallada, realizada por el experto y Colegiado Fernando Minaya, que analiza los puntos clave de la nueva Ley de Movilidad, entrada en vigor en diciembre de 2025. 

Antecedentes

La movilidad condiciona la salud, la economía y la cohesión social. En España, el debate ya no es si debemos cambiar la forma de desplazarnos, sino cómo hacerlo con resultados medibles. La futura Ley de Movilidad Sostenible pretende alinear tres vectores: Seguridad Vial, descarbonización y eficiencia del sistema. La norma pone el acento en fortalecer el transporte público, impulsar la movilidad activa y gestionar los datos de movilidad para tomar mejores decisiones –todo ello con enfoque de accesibilidad universal–.

Existe ya normativa existente que aplica en municipios: la Ley 7/2021, de cambio climático, que obligó a implantar Zonas de Bajas Emisiones (ZBE) en municipios de más de 50.000 habitantes y territorios insulares, así como en municipios de más de 20.000 habitantes cuando se superen valores límite de calidad del aire. Esa obligación, vigente y publicada en el BOE, es el punto de partida al que la nueva ley añade gobernanza, datos y reglas de planificación para que la transición sea operativa.

La filosofía que subyace es clara: priorizar las soluciones que mueven a más personas con menos emisiones y menos siniestralidad y medir su impacto. Por eso, el proyecto incorpora instrumentos como el Espacio de Datos Integrado de Movilidad (EDIM) y el Punto de Acceso Nacional Multimodal y prevé informes periódicos de seguimiento. A lo largo del documento, desplegamos qué cambia exactamente, qué plazos se manejan y cómo puede afectar a administraciones, empresas y ciudadanía.

Por qué una nueva Ley de Movilidad

Durante años, la movilidad en España ha funcionado como un engranaje con piezas que no siempre encajaban: cada administración medía y planificaba con criterios propios, los datos no eran plenamente comparables y la financiación del transporte urbano dependía con frecuencia de transferencias coyunturales. El resultado eran decisiones difíciles de cotejar entre territorios, ineficiencias y un control público limitado sobre lo que funcionaba y lo que no.

El ocho de octubre de 2025, el Congreso aprobó la Ley de Movilidad Sostenible y la remitió al Senado. Tras la aprobación definitiva y la publicación en el BOE, el tres de diciembre, la Ley 9/2025 entró en vigor el día cinco (este artículo se redactó previamente a este hecho). A partir de ese momento, empiezan a contar los plazos de planes, datos y desarrollo reglamentario.

En paralelo, el Ministerio desplegará reglamentos y guías: bases y criterios del fondo estatal, metodologías oficiales de evaluación socioambiental, estándares para datos y criterios que delimiten los grandes centros de actividad. Administraciones y empresas harían bien en no esperar al final del trámite para ordenar sus datos, preparar diagnósticos y pre?diseñar proyectos financiables.

Problemas que resuelve

La Ley de Movilidad Sostenible se fundamenta en cinco nudos que presentamos a continuación:

Primero, la fragmentación normativa: idénticas cuestiones se resolvían de forma distinta según el territorio. El nuevo Sistema General de Movilidad articula la coordinación con instrumentos comunes como el DOMOS (Documento de Orientaciones para la Movilidad Sostenible) y el IPEEM (Instrumento de Planificación Estratégica Estatal en Movilidad).

Segundo, la financiación inestable del transporte urbano: el nuevo fondo estatal aporta previsibilidad y liga los recursos a estándares de servicio. 

Tercero, la brecha urbano?rural: con metodologías comparables y análisis coste?beneficio socioambiental se priorizan las actuaciones con mayor impacto real.

Cuarto, la Seguridad Vial urbana: en 2024, se registraron 488 fallecidos en vías urbanas y el 79% fueron usuarios vulnerables (peatones, motoristas, ciclistas y VMP). Esto exige medidas específicas en entornos urbanos. 

Quinto, la falta de datos comparables: el EDIM (Espacio de Datos Integrado de Movilidad) fija qué hay que publicar, en qué formato y con qué frecuencia y establece una fecha límite para que lo que hoy está en papel sea accesible electrónicamente.

Ideas clave de la ley 

Analizamos cuáles son las novedades que esta ley nos va a aportar en: 

1) Gobernanza de “sistemaâ€

Crea un marco común para coordinar a Estado, comunidades autónomas y entidades locales (Foro Territorial y Consejo Superior de Movilidad), con metodologías e indicadores compartidos. El objetivo es que las decisiones se tomen con criterios homogéneos en todo el país.

2) El dato como infraestructura pública

Nace el Espacio de Datos Integrado de Movilidad (EDIM) y se refuerza el Punto de Acceso Nacional de Transporte Multimodal (PANTM). Operadores y administraciones deben publicar datos abiertos, comparables y reutilizables. Si algo no está digitalizado, deberá poder consultarse electrónicamente antes de la fecha límite marcada por la ley.

3) Financiación estable del transporte urbano

Se crea un fondo estatal estable que cofinancia costes operativos y proyectos de inversión (calidad, accesibilidad, digitalización). Se pasa de ayudas puntuales a reglas previsibles que permiten planificar flotas, frecuencias e información al viajero a varios años vista.

4) Planes de movilidad con plazos y seguimiento

– Empresas y centros de trabajo: planes obligatorios para centros con más de 200 personas (o 100 por turno), con seguimiento bienal.

– Grandes centros de actividad: tras publicarse los criterios estatales, disponen de un plazo específico para aprobar su plan y registrarlo.

– Municipios medianos: plan simplificado con calendario de revisión.

5) Evaluación rigurosa de infraestructuras

Antes de invertir, se exige análisis ex-ante con metodología común y comparación de alternativas; después, evaluación ex-post a los cinco años. Más obra útil, menos proyecto por inercia. La información debe publicarse para rendir cuentas.

6) Administración sin papeles en carretera

Digitalización obligatoria del documento de control de mercancías y de la hoja de ruta de viajeros por carretera dentro del plazo marcado (meses desde la entrada en vigor). Eficiencia, trazabilidad y menos carga administrativa.

7) Ajuste modal: priorizar el tren cuando sea competitivo

Se ordena estudiar y proponer medidas para reducir vuelos domésticos con alternativa ferroviaria inferior a dos horas y 30 min, con un calendario de trabajo concreto. Señala una dirección clara hacia la descarbonización.

8) Innovación con reglas y escala

Se crea un espacio controlado de pruebas para movilidad conectada y automatizada, con ventanilla única en la Oficina Gestora del Espacio de Pruebas de Movilidad Conectada y Automatizada (OFVA). Probar en real, evaluar y, si funciona, escalar con garantías.

9) Movilidad activa, accesible e inclusiva

La ley integra caminar y pedalear en la planificación, refuerza la accesibilidad universal y la información multimodal para toda la ciudadanía. Calidad del servicio medida en puntualidad, regularidad, accesibilidad e información en tiempo real.

10) Transparencia y comparabilidad como norma

Planes, datos, indicadores y evaluaciones pasan a ser de publicación obligatoria (a través del EDIM y otras herramientas), facilitando la comparación entre territorios y el control público de resultados.

Cómo nos afectará la Ley de Movilidad Sostenible

Analizamos cómo cambiará la movilidad tal y como la conocemos en los ámbitos más próximos. 

Para la ciudadanía (usuarios de a pie)

• Más fiabilidad. Los servicios públicos deberán medir y publicar puntualidad y regularidad; con financiación estable, las frecuencias y la información en tiempo real tienden a mejorar.

• Mejor información. Apps y paneles más completos (horarios reales, incidencias, accesibilidad…) porque los datos pasan a ser obligatorios y comparables.

• Seguridad vial urbana. Más foco en peatones, ciclistas, motoristas y usuarios de VMP. Se impulsan actuaciones de calmado de tráfico y red ciclista/peatonal protegida dentro de los planes locales.

• Calidad del aire y ruido. Al priorizar modos sostenibles y renovar flotas, la exposición a NO?/PM y el ruido deberían bajar de forma progresiva.

• Viajes de medio radio. Se estudiará reducir vuelos domésticos cuando haya alternativa ferroviaria inferior a dos horas y media. No es un “apagón†inmediato pero marca la dirección que seguir. 

Para ayuntamientos y entidades locales

• Plan de movilidad obligatorio en municipios de 20.000–50.000 habitantes (versión simplificada) en 12 meses desde la entrada en vigor.

• Más recursos y previsibilidad. Un fondo estatal estable contribuye a cubrir costes del transporte urbano y proyectos de calidad, accesibilidad y digitalización.

• Gobernanza del dato. Inventario de datasets (oferta, tiempos reales, accesibilidad, incidencias, aparcamientos y recarga), responsables y periodicidades; y publicación en formatos comunes.

• Transparencia y evaluación. Las grandes actuaciones deben justificar su utilidad antes y evaluarse después, con informes públicos.

Para empresas y centros de trabajo

• Plan de movilidad al trabajo en 24 meses para centros con más de 200 personas o más o igual a 100 por turno; seguimiento bienal y negociación con la representación de las personas trabajadoras.

• Indicadores comunes. Reparto modal, CO?/NO? evitados, accidentes in itinere, ocupación de aparcamiento, puntualidad de lanzaderas, etc.

• Medidas típicas: transporte colectivo a demanda, aparcamiento gestionado, incentivos bici/a pie, coche compartido, flexibilidad/teletrabajo cuando proceda.

• Beneficio: menos costes “ocultos†por retrasos/aparcamiento, menor siniestralidad y menos emisiones por empleado.

Para transporte de mercancías y logística

• Papel cero. El documento de control y la hoja de ruta pasan a formato digital en 10 meses.

• Aparcamientos seguros para camión. Despliegue de zonas seguras y protegidas, priorizando corredores y nodos con más siniestralidad/robos.

• Datos logísticos. Ocupación y servicios de áreas, incidencias y restricciones más visibles y reutilizables.

Y ¿qué pasa con las etiquetas ambientales?

La Ley de Movilidad Sostenible obliga a revisarlas en 12 meses desde su entrada en vigor. El encargo al Gobierno es actualizar el sistema de la Dirección General de Tráfico para corregir deficiencias y añadir el CO? como criterio (hasta ahora pesaban sobre todo la tecnología y la norma euro). Esa revisión la liderará Interior/DGT con varios ministerios y CCAA y debe desembocar en una nueva clasificación oficial. 

Lo que actualmente se está barajando (a la espera del texto definitivo de la DGT), la idea es mantener la estructura 0 / ECO / C / B, pero con criterios más estrictos y ligados a emisiones reales (WLTP) y a la autonomía eléctrica en los enchufables:

• Distintivo “0 Emisionesâ€. Quedaría para eléctricos puros y de hidrógeno, y para híbridos enchufables con una autonomía eléctrica igual o superior a los 90 km; los PHEV por debajo de ese umbral pasarían a otra categoría. La prensa sitúa la entrada en 2026. 

• ECO. Agruparía PHEV con menos de 90 km, híbridos no enchufables y gas (GNC/GNL/GLP) con las últimas euro (ajustes por CO? podrían mover fronteras internas). 

• C y B. Se ajustarían a las Euro más recientes y podrían incorporar umbrales de CO?, de modo que coches “muy emisores†no conserven la misma etiqueta.

Es importante indicar que aún no es definitivo. La reforma formal la publicará la DGT tras el estudio que ordena la Ley. Hasta entonces, siguen vigentes las etiquetas actuales. 

Debemos tener en cuenta que estas modificaciones influyen en el acceso a muchas ZBE dependiendo del distintivo. Una reclasificación podría ampliar o restringir accesos para algunos vehículos, sobre todo PHEV y modelos “fronteraâ€. Varias informaciones apuntan a que los cambios empezarían en 2026 y algunas plantean regímenes transitorios (por ejemplo, mantener la etiqueta del vehículo comprado antes de la fecha de corte), pero esto debe confirmarlo la DGT en la norma final.

Grietas en la Ley

Mi valoración es positiva en el diseño y prudente en la ejecución. La Ley alinea bien los incentivos: ligar dinero a estándares, abrir datos y exigir evaluación pública es la dirección correcta. Donde veo el mayor riesgo es en la “ejecución finalâ€: si faltan equipos y plantillas tipo en municipios medianos, el EDIM puede despegar más lento de lo deseable y el seguimiento quedarse en buenas intenciones. También será clave ajustar posibles incoherencias técnicas durante el tramo final parlamentario para que los umbrales y el régimen sancionador no se contradigan.

Cuando leo la Ley de Movilidad Sostenible recién salida del Congreso, no veo un catálogo de obras: veo un cambio de cultura. La norma acierta al colocar la brújula en la calidad del servicio y la transparencia, pero como todo marco ambicioso corre el riesgo de quedarse a medio camino si no bajamos la teoría al suelo. Estas son, con honestidad, las grietas que más me preocupan y cómo las cerraría para que el ciudadano note el cambio en su día a día.

La primera es el dato de que no transforma el Espacio de Datos Integrado de Movilidad (EDIM) es una gran idea, pero no basta con “subir ficherosâ€: hay que garantizar que sirvan para decidir. ¿Cómo? Con esquemas obligatorios y un validador público, con latencias máximas por cada tipo de información (tiempo real, horarios, accesibilidad) y con un tablero nacional de cumplimiento que muestre, por operador y por administración, quién publica bien y quién llega tarde. Añadiría un “kit de arranque del EDIM†con ejemplos de fichero, guía de metadatos y una interfaz de programación de aplicaciones (API) de referencia; y un entorno seguro de pruebas de datos para que los municipios pequeños practiquen antes de abrirlos al público.

La segunda tiene que ver con el dinero del día a día. El fondo estabiliza la inversión, pero la operación es donde el usuario decide si confía o no. Blindaría una envolvente plurianual que proteja la oferta cuando suben costes (energía, personal, repuestos) y añadiría una cláusula anticíclica: si se mantienen puntualidad y regularidad, el servicio no se recorta. Así alineamos financiación con calidad, no con vaivenes políticos.

La tercera es territorial. No podemos pedir lo mismo a una ciudad compacta que a una comarca dispersa. Para el mundo rural, impulsaría guías específicas para servicios a demanda y modelos mixtos (escolar/regular), con subsidios por desempeño —viajeros útiles por euro invertido y accesos esenciales garantizados— y ventanas piloto de 12–18 meses con evaluación rápida y derecho a pivotar si la evidencia lo pide.

La cuarta se juega en los centros de trabajo. Con el umbral de 200 personas (o 100 por turno), el plan de movilidad al trabajo puede convertirse en un PDF que envejece si no ponemos reglas claras. Propondría una plantilla común con una docena de indicadores clave de rendimiento (KPI): reparto modal, dióxido de carbono (CO?) evitado, accidentes in itinere, ocupación de aparcamientos y puntualidad de lanzaderas, entre otros. Exigiría un “presupuesto de CO? por empleado y año†y un reporte bienal en formato abierto. ¿Incentivo? Bonificar desde el fondo a quien demuestre cambio modal real y reducción de emisiones verificable.

Quinta, la evaluación. Esta, previa a la inversión, debe ser una puerta con bisagra, no un trámite. Fijaría umbrales de continuar o parar (beneficio socioambiental neto positivo y comparación de alternativas), revisión por pares para proyectos grandes y fechas de publicación obligatorias. Todo debería reposar en un archivo público con los conjuntos de datos necesarios para reproducir los resultados. Cinco años después, la evaluación posterior ha de ser tan inapelable como la rendición de cuentas: si la obra no cumple, se corrige la política, no el indicador.

Sexta, la coordinación. La movilidad es el territorio de las competencias compartidas y ahí la parálisis acecha. Recomiendo contratos-programa entre administraciones con metas medibles, calendario y consecuencias si no se cumple lo básico, incluida la retención de transferencias. Para los desencuentros, un mecanismo exprés de resolución con plazos cerrados. Sin eso, cualquier buena intención se nos va por el sumidero del tiempo.

Séptima, la Seguridad Vial en ciudad. La Dirección General de Tráfico (DGT) nos recuerda cada año que los peatones, motoristas, ciclistas y usuarios de vehículos de movilidad personal concentran la mayoría de las víctimas en zonas urbanas. Propongo metas tipo “Visión Cero†legalmente vinculantes a nivel local, combinadas con micro intervenciones de bajo coste y ejecución rápida —las llamadas actuaciones “quick-buildâ€â€” y con una auditoría pública de puntos peligrosos, mostrando antes y después de cada actuación.

Octava, la logística y el descanso del camión. El mapa de aparcamientos seguros y protegidos debe anclarse a la Red Transeuropea de Transporte (TEN-T) con objetivos de cobertura por corredor. Añadiría datos abiertos de ocupación y nivel de seguridad casi en tiempo real, así como cofinanciación público-privada para acelerar obras en nodos con más siniestralidad y robos.

Novena, la innovación. La oficina y el espacio de pruebas para movilidad conectada y automatizada —la Oficina Gestora del Espacio de Pruebas de Movilidad Conectada y Automatizada (OFVA)— no deberían graduar pilotos brillantes que luego no escalan. Cada piloto debería cerrar con guía de replicación, requisitos técnicos y calendario de escalado. Si la evaluación es positiva, obligación de adopción en un plazo razonable; si no, se publican lecciones aprendidas y se pasa página.

Décima, accesibilidad y equidad. Para evitar que se queden en la retórica, vincularía la financiación a estándares mínimos (paradas y estaciones accesibles, información multimodal inclusiva…), publicaría una API de accesibilidad —con datos moderados y verificables— y promovería auditorías ciudadanas anuales.

Undécima, privacidad y reutilización. Para que la inseguridad jurídica no bloquee la apertura de datos, incluiría plantillas de evaluación de impacto en protección de datos, anonimización por defecto y, cuando proceda, privacidad diferencial en métricas agregadas. También fijaría licencias claras que permitan reutilizar sin ambigüedades.

Duodécima, contratación y dependencia tecnológica. Para no quedar cautivos de un proveedor, exigiría cláusulas de portabilidad y propiedad del dato, APIs abiertas, especificaciones modulares y pruebas de interoperabilidad en la adjudicación. La interoperabilidad no puede suponerse: hay que comprobarla antes de firmar.

Próximos pasos

Tras el BOE, empieza la cuenta atrás: bases del fondo en el primer año; criterios de grandes centros y primeras convocatorias; despliegue del EDIM con acuerdos de intercambio de datos; y aprobación del reglamento de la oficina de pruebas antes del 30 de junio de 2026. Además, dos estudios marcarán el arranque: vuelos domésticos con alternativa ferroviaria inferior a dos horas y media (en seis meses) y revisión de etiquetas DGT incorporando CO? (en 12 meses). El primer DOMOS actuará como brújula técnica en torno a los 18 meses.

Principales puntos de la Nueva Movilidad Sostenible

La Ley de Movilidad Sostenible (LMS) es una ley de sistema: no destaca por una medida brillante y aislada, sino por un marco que cambia cómo se decide, cómo se financia y cómo se rinden cuentas. Su principal virtud es alinear incentivos: quien planifica con evidencia, abre datos e informa con transparencia está mejor posicionado para acceder a recursos estables y sostenerlos en el tiempo. La conversación deja de girar en torno a promesas y obras puntuales y pasa a medirse por resultados observables.

En el muy corto plazo el cambio será organizativo y cultural. La Administración y las empresas deberán inventariar datos, fijar indicadores operativos y publicarlos con regularidad; los operadores tendrán que estandarizar información y latencias; y los planes, tanto municipales como al trabajo, incorporarán metas cuantitativas con calendarios realistas. La evaluación ex-ante deja de ser un trámite para convertirse en puerta de entrada a grandes actuaciones; la ex-post, en el mecanismo que legitima (o corrige) lo ejecutado.

En el corto-medio plazo, la financiación estable permite pasar del “año a año†a carteras plurianuales: renovar flotas, reforzar frecuencias, completar redes seguras a pie y en bici, mejorar accesibilidad universal, implantar prioridad semafórica y desplegar información fiable en tiempo real. Esa previsibilidad también reduce el riesgo de decisiones erráticas y facilita la profesionalización de la gestión.

¿Qué valor público cabe esperar? Cuatro vectores claros:

1. Accesibilidad. Más personas alcanzan más oportunidades en menos tiempo y con menor coste total.

2. Calidad de servicio. Mayor puntualidad y regularidad, mejor información, atención inclusiva.

3. Seguridad vial urbana. Descenso sostenido de víctimas, con foco en usuarios vulnerables.

4. Clima, aire y ruido. Reducción medible de emisiones por viajero-km y de contaminantes locales.

Hay riesgos identificables: retrasos reglamentarios, dispersión de criterios de datos, resistencias organizativas, litigios en licitaciones y cuellos de botella en la electrificación (vehículos e infraestructura). La mitigación pasa por hojas de ruta con fechas y responsables, kits de datos mínimos reutilizables (esquemas, APIs, validadores), formación a equipos, pliegos con KPIs e interoperabilidad y carteras diversificadas para no depender de un único vector tecnológico.

Bibliografía (ver artículo completo en la web).

Autor. Fernando Minaya, Consultor Ingeniero Civil y Perito PRL. Experto en Movilidad y Seguridad Vial, Accesibilidad, Igualdad y diversidad.

Puedes leer el artículo completo en el número 428 de Cimbra, ya disponible en la web del Colegio de Ingenieros Técnicos de Obras Públicas.